LA PACHAMAMA ESPERA

Sé que la Pachamama espera, paciente, con su vestido de desierto y selva. Me imagino oliéndola y sintiéndola viajando desde las fosas nasales hasta dentro de mi pecho. Sueño con amaneceres y atardeceres de todos los colores en cielos que se rompen y transforman. Pienso los caminos que me lleven a lugares rebosantes de energía y magia reservados solo para aquellos corazones cuyos ojos saben ver. Tengo ansia de caminos, senderos y veredas. Tengo ansia de polvo, lluvia y noches bajo estrellas. Tengo ansia de recorrer la tierra que ante mí se extiende.

Ha pasado casi medio mes desde que tomé esa foto de los Andes minutos antes de aterrizar en Chile. La primavera pasea entre las calles y avenidas de Santiago preguntándose el por qué de tanto hidrocarburo mientras vecinos de Providencia —el barrio que me acoge— riegan con sosiego el césped de sus parcelas dedicando una mirada de curiosidad hacia mi pelo.

—Te pareces a Jesucristo —me espetó Ingrid la mañana de después.

—Sí, me lo dicen a veces.

—Pero yo pensaba que Jesucristo era casto —añadió riéndose.

 

Se suponía que la moto llegaba el martes 21 tras hacer el trayecto Madrid-Newark-Houston-Santiago. Sin embargo, United Airlines me comunicó que finalmente lo haría el viernes 24. El primer retraso lo agradecí porque los primeros días me encontraba en un estado anímico disperso, sin saber bien cómo sentirme y todavía cansado de la paliza de cerrar mi vida en Madrid y preparar la aventura al mismo tiempo.

Pasaron los días y fui recobrando el ánimo hasta estar a tope y recuperar en los ojos ese brillo infantil del que quiere hacer travesuras arriesgadas pero divertidas. Por desgracia, ese brillo se transformó en rabia al saber que United volvía a retrasarme al martes 28 la llegada de la moto. Y la rabia se transformó en furia al saber que se demoraría a la primera semana de diciembre.

Supernova llevaba estancada 8 días en Newark por exceso de carga. Aparentemente, cuando se da esta situación, las compañías deciden no incluir en el avión mercancías peligrosas —como es el caso de una moto— ya que están amparados por la ley para poder entregarla hasta 21 días más tarde por motivos de seguridad sin que se pueda reclamar absolutamente nada. Sin embargo, United desconoce cuán pesado y obcecado puede ser Agustín Ostos, así que me puse a freír a emails y telefonear a cada uno de los implicados en el proceso hasta conseguir que la moto volase por fin a Houston. Y lo conseguí.

Tras vanagloriarme por mi hazaña, se me vino al mundo encima al enterarme hoy de que ahora la moto está bloqueada en Houston y que no pueden enviarla a Santiago porque Newark no adjuntó los documentos originales, que son los que exige Chile para importar mercancías peligrosas. Pero lo que convierte mi situación en dantesca, kafkiana e incluso propia de una novela de terror es que… NADIE SABE DÓNDE ESTÁN LOS DOCUMENTOS. Yes baby: tenemos aventura.

Procuro tomarme a broma el misterio de los documentos perdidos (por suerte, el vino chileno ayuda) y me imagino a Supernova en Texas rodeada de cowboys con sombreros de ala ancha, botas de piel tallada y revólver en cintura. Me gusta pensar que este retraso me hará vivir algo especial en algún lugar que sin él no habría sucedido y, mientras tanto, voy sumergiéndome en la primera tribu del documental: la de los artistas independientes que apuestan por dedicarse a aquello que más feliz les hace. Pero de esto hablaremos más adelante.

En fin, soy consciente de que este va a ser el menor de mis problemas y la verdad es que en Santiago me están tratando de puta madre, así que tiro de refranero para auto-convencerme de que a camino largo paso corto, que a mal tiempo buena cara y que a quien espera su bien le llega.

Amén.

1 diciembre, 2017

2 COMENTARIOS

  1. Responder

    David

    1 diciembre, 2017

    Paciencia y ánimo amigo Sancho!!!
    Abrazo enoooorme!!!

  2. Responder

    Jaime

    5 diciembre, 2017

    Aprovecha la serendipia tejana y exprime Chile al máximo! Ánimo y suerte con la moto!

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