Agustín Ostos Robina

De algún modo, cuando comienzas esta clase de viajes, ya sabes lo que es importante para ti, pero no sabes exactamente a dónde estás yendo. Yo no tengo ni idea. Sin embargo, intuyes que si tomas las decisiones en base a las cosas que te son importantes, sea cual sea el sitio en el que termines, es a donde necesitabas ir.

Nací en Llerena (Badajoz) un frío febrero de 1990 con considerable mata de pelo y llanto ensordecedor. Recuerdo que crecí devorando películas y libros porque era la única ventana que me daba acceso al resto del mundo. También recuerdo que a veces era un poco cabrón.

La adicción a viajar empezó en campamentos de verano en el extranjero para aprender idiomas. Con 13 años es difícil ser consciente de las posibles consecuencias de los viajes en la forma de ser, así que supongo que algo comenzó a gestarse sin darme yo demasiada cuenta.

A los 18 me fui a Madrid a estudiar Derecho y en medio de la carrera tuve una revelación: recorrer el mundo en moto y mostrarlo vídeo-fotográficamente. Por aquel entonces ni siquiera sabía cómo funcionaba una cámara en manual, así que aprendí a base de ostias.

Durante los siguientes años, hice pequeños viajes de mochilero en solitario y confirmé que sí, que no fue una ida de olla, que la llamada a la odisea permanecía en mi cabeza sin importar qué, como si todo lo que hiciera en mi presente inmediato no fuera más que un mero preámbulo de la gran aventura.

Por fin, tras varios triunfos y fracasos, aquí estoy: haciéndolo.