GRAN ESPÍRITU, GRAN MISTERIO

· ABRIENDO CAMINITOS ·

Hay algo mágico que envuelve el viaje de quien lo hace sin rumbo ni destino fijo. A veces pienso que hay un Gran Espíritu, un Gran Misterio, que nos coloca en determinados lugares en determinados momentos por una razón que solo nosotros podemos acabar comprendiendo. ¿Necesitaba que me pasara esto? ¿Era necesario aquel mal rato? ¿Tomar este camino? ¿Pelear con esa persona? ¿Conocer a esta otra…?

Una vez le pregunté a un amigo qué era viajar para él y me contestó, esbozando una gran sonrisa, que viajar es como cuando tiras un huevo en aceite caliente y se expande por toda la sartén. Así es: viajar –y sobretodo, viajar en solitario– significa estar expuesto de forma constante a la vida misma, a la vida en bruto, a la vida tal cual es. Tú y tus circunstancias mezclándose continuamente, sin parar, con el medio cambiante, con personas cambiantes, con sentimientos y emociones también cambiantes.

Tras medio año de aventura tengo la sensación de estar inmerso en una especie de película cuyos fotogramas pasan cada vez a mayor velocidad ante mis ojos y, por instantes, siento que voy a explotar de acumular tantas experiencias en tan poco tiempo. Tal vez, en un alarde de darwinismo aplicado he alcanzado un punto en el que lo normal es que pasen cosas extraordinarias a diario, como si lo contrario fuera contra natura. Todo pasa tan rápido y tan intenso que se me hace imposible contemplar una forma de vida distinta a esta y doy las gracias por poder estar haciéndolo y que, además, esté funcionando.

Creo que lo importante es estar alerta, estar disponible, como si el Gran Misterio nos colocara en un escenario y él se sentara en el patio de butacas, expectante por ver cómo actuamos. Yo esto lo interpreto como que, en ocasiones, las cosas simplemente suceden porque tenían que suceder pero, otras, su materialización solo se vuelve carne si realmente deseamos que así sea y lo buscamos y perseguimos hasta que se cumpla. Multiversos y realidades convergen sin parar, sin descanso, sin tregua, aunque no lo veamos o, quizás, no lo queramos ver. No hay duda: somos los creadores de nuestra propia realidad; el resto, son excusas.

Al tercer día de comenzar el viaje en moto, el Gran Espíritu me mostró el camino, de la forma más azarosa posible, de adentrarme en algo aún más desconocido. En mi mano estaba tomar la decisión de entregarme de lleno a que sucediera o echar la vista a un lado diciendo «uf, es demasiado complicado». Tuve una visión y decidí modificar mi realidad durante las siguientes semanas para que, pasara lo que pasara, sucediera. Y como no podía ser de otra manera, me condujo a donde me tenía que conducir de una forma tan aplastantemente clara que, sin ella, Soy Tribu no tendría el propósito que tiene ahora.

Es increíble ver cómo el mensaje de las tribus recorre su caminito a través del macrocosmos cibernético hasta llegar a ojos, mentes y corazones para remover, reflexionar, curar pero sobretodo para engendrar nuevos latidos más armoniosos, más crecidos. Estas son las palabras de Arturo Piegrande, de la Tribu de los Taitas, que por alguna razón han llegado a 6 millones de personas en Facebook. Quién sabe, si escuchas esto ahora y te acaba conduciendo, por pequeño que sea, a sembrar un cambio interno que en el futuro germine en uno externo… ¿será porque tenía que suceder? Solo tú lo sabes.

Ahó.

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